Se trata de un grupo de piedras calizas de las utilizadas en los talleres de litografía a mediados del siglo XIX como matriz para las impresiones de bellas etiquetas, anillas y habilitaciones que hicieron famosas las cajas de habanos en el mundo.
Todo comenzó cuando los empresarios tabacaleros descubrieron que la utilización de impresiones litográficas de gran colorido y magníficos relieves dorados ayudaba a proteger sus productos contra imitaciones y fraudes, además de la atractiva elegancia con la que se presentaban sus apreciadas labores en el mercado.
Según algunos historiadores, la técnica litográfica ya se practicaba en Cuba desde que el pintor y miniaturista francés Santiago Lessier y Durand estableció en La Habana su taller en 1822. Pero su despegue industrial comenzó a partir de 1840 gracias al auge de la actividad tabacalera y el empeño en dar a conocer las marcas de tabacos, cigarros y picadura radicadas en capital y otras ciudades en el interior del país.
Dicen que el precursor en presentar sus tabacos torcidos en el mercado con lujosas y atractivas impresiones litográficas fue el industrial Ramón Allones, que en 1845 había establecido en la calle de Ánimas número 129 una modesta tabaquería denominada La Eminencia, y a quien le atribuían un notable temperamento artístico.
Allones tiene el mérito de haber iniciado en su taller importantes mejoras que más tarde sus competidores se vieron obligados a imitar por exigencias del mercado. Él fue el primero en introducir las vitolas superiores o de regalía y el único que en aquellos tiempos comenzó a exportar sus habanos anillados y en envases de lujo con bellas impresiones litográficas que tanto llamaron la atención en las mesas de los príncipes, los reyes y los emperadores.
Su iniciativa convirtió al humilde artesano que elaboraba toscos cajones de cedros, en un obrero capaz de realizar finos envases dignos de ser presentados en el mercado junto a las sencillas etiquetas que identificaba la marca del fabricante
También a partir de 1845 se estableció en las tabaquerías un nuevo oficio que todavía se mantiene en activo, el de fileteador, o sea el operario cuya labor consiste en adornar los estuches de cedro para tabacos con las habilitaciones que tienen como parte esencial el filete o la tira de papel larga y angosta con que se cubren las aristas del cajón. Esto no es solo un adorno, sino que también sirve para evitar que por allí se evapore el aroma de los tabacos contenidos en su interior.
Para finales de 1850, el auge de fábricas de tabaco como Cabañas y Carvajal (1818) , Por Larrañaga (1834), H.Upmann (1844), Partagás (1845), La Corona (1845) y otras muchas mantenían con sus demandas las actividades en los talleres de litografía a toda marcha.
Por eso es que los especialistas en este teman coinciden en que fueron las fábricas tabacaleras las que por espacio de más de medio siglo desde 1837 dieron vida a la industria litográfica y contribuyeron a su amplio desarrollo y prosperidad.
En 1907 fue constituida la Compañía Litográfica de la Habana, la cual continuó utilizando hasta bien entrado el siglo XX la piedra caliza como matriz en la mayoría de los trabajos litográficos relacionados con el tabaco.
Varias de ellas forman parte de valioso patrimonio del Museo del Habano en la capital cubana.








